4 mar. 2009

¡LA PATRICIA!

Ay, La patrie!

Colaboración: K.Ese.Escoria




Previo a pasar a la obra, me gustaría hablar un segundo del espacio, noté un pequeño inconveniente que tal vez, los que lo administran, no repararon en él: UN ventilador NO es suficiente para 100 personas, sencillamente NO LO ES.


Aclarado este problema con el clima, voy a la obra en cuestión:


Es un sótano ófrico, me viene al cuerpo la sensación de sótano de boliche underground, con un encargado vestido de época, llevando una peluca (posiblemente hurtada al cadáver de la tía que mató y diseccionó una semana atrás), y que se reserva el derecho de admisión, mientras el DJ coloca (con una sobre dosis) la marsellesa.



Pasada la impresión inicial, contemplo la trastienda de la historia, una trastienda donde me intentaron vender algunos discursos, alguna que otra propaganda política y los 3 actores utilizaron toda su energía para hacerlo, pero yo no compro. No digo que el producto no sea bueno, miren que no lleva fecha de caducidad, tampoco causa efectos secundarios (tal vez la necesidad de ahorcar a alguien) y tiene claras ideas políticas que resuenan en mi cabeza como la guillotina de aquella revolución emblemática y de aquellas revoluciones emblemáticas, todavía hoy y siempre.


Pero no compro porque:


El producto viene con un foco de bajo consumo que lo ilumina como si esta trastienda fuese un bar de mala muerte.


El producto tiene un personaje que se auto proclama el Marqués de Sade, pero si se hubiese auto proclamado Chespirito, no hubiese cambiado en nada la obra. Es decir, que sea o no sea el caballero Marqués, no afecta en nada al drama.


El producto (como si habláramos de una berenjena, metafóricamente hablando, claro) le falta madurar. Aunque parece que va en buen camino.


Lo compraría por las actrices, que me convencieron en la mayoría de las cosas que hicieron en la escena. Pero volviendo al tema de los vegetales (ya que estamos con el pueblo, el pueblo debe expresarse) no compraría una banana solo por un par de brotes de madurez, ¡yo me la quiero comer ahora!



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