17 feb 2009

LOS NIÑOS NECESITAN MÁS QUE...


“Al Tun Tun en concierto”


La producción realizada por “Al Tun Tun” sobresale en lo musical, con los arreglos y juegos musicales que realizan para niños. El problema se torna cuando los componentes del grupo desean una relación directa con el espectador, que escénicamente pierden mucha empatía con su principal público.


Lo destacado del concierto, es justamamente la música, realmente saben lo que hacen y tienen mucha sensibilidad cuando la ejecutan; también sobresale mucho las imágenes proyectadas que acompañan, muy fino, sensible y delicado trabajo que realmente comienza a jugar con la música y no a complementar.


Donde veo que se estancan, creando mucho ruido en el espectador y espero que mejoren es justamente en la interacción, en esos momentos que tienen que actuar y justificar porque tocarán tal tema musical. La interacción se pierde porque no se escuchan entre ellos, alguien habla sobre algo y de pronto la otra persona, sin oírle o prestarle atención, le corta con otra excusa para poder entrar, nuevamente, a la introducción de la historia del tema musical. También, caen en el error de los actores debutantes, dan dos pasos, hablan fingiendo que saben y sienten lo que dicen, para luego dar dos pasos atrás y volver a la posición anterior. Relájense, y jueguen como lo hacen musicalmente.


Si quiere que su niño escuche buena música y vea muy buenas imágenes de vídeo llévelo, los domingos a las 17:30, en el Centro Cultural de la Cooperación, Av. Corrientes 1543.

UNA PARA NIÑOS


AL PAN PAN Y AL NIÑO NIÑO (en desconcierto)

POR NUESTRO CRÍTICO VENENOSO: K.Ese.Escoria

La concurrencia de nenes y nenas, era algo digno de destacar. Puntualidad inglesa para que los padres se lleven a los pequeños diablillos a hacer la siesta posterior (nada mejor que cierto tipo de teatro para adormecer juventudes inquietas).

Entonces llegaron los músicos, muy bien vestidos, muy lindos instrumentos, pero noté algo extraño desde el principio, estaban inmersos en un aburrimiento, que la tortuga de Momo de Michael Ende era la emulación de Flash a su lado.

Ya noté algo raro cuando uno de ellos dijo “¿y si tocamos el último tema?” y una de ellas respondía “si, acabemos con este suplicio de una buena vez”. Y de un sopetón, sin mucho más trámite se pusieron a cantar:
Solos y deprimidos
Desde el fondo de mi angustia
Puro dolor
Canción que duerme
Dame menos datos que es una adivinanza no un juego para idiotas
Barba muerta
Canción del que se quedó despierto
Fulana, Mengana, Sutana, que me importa, que se yo, váyanse todos a la….
Ua uai uaaaa uaaaaaaaaaaaa uaaaaaaaaaaaaaaaaaa!! (llanto de bebé)
Estereotipo andino
El sapito es verde (¿Que esperabas que sea azul? ¿Niño baboso?)
Al pan pan, acabamos de una vez.

Y bueno, el público pidió otra, porque son niños y a los niños les gusta la música y los niños no necesitan notar que sus actrices preferidas tienen caras de haberse tomado una cajeta de Valiums, y los niños te perdonan que andes pateando los micrófonos de tus compañeros de escena y los niños finalmente no se están fijando en pavadas como la sonrisa, el buen humor, la energía, el cuidado escénico, el apuro, etc, etc.

Y el grupo finalizó con el hitaso: La ballena Magdalena (de ahí la expresión llorar como la Magdalena).

Al final cantó un pato, pero para ese momento los niños estaban en éxtasis y ni lo notaron.

La pregunta ahora es: ¿debemos perder el rigor escénico al hacer teatro para niños? ¿Será necesario? O ¿Seré yo maestro? Tantas preguntas, tantas preguntas que necesitan responderse y este grupo de excelentes músicos (hasta ahí llego con la adulación), nos ayudó a plantearlas.

Todo acabó con “ ¡Mi abuelito es re cool! ” y la respuesta “!y?! ¡A mí me chupa un huevo tu abuelito!”.

En fin, los niños perdonan.

16 feb 2009

OTRO COLABORADOR


LA NOCHE EN QUE LARRY KRAMER INTENTO SACARME LA HOMOFOBIA

POR: J. ESE. ESCORIA

Ayer fui al teatro. La primera noche en que me iba a un teatro en Buenos Aires. Aclaro que no soy de acá. Hago teatro e investigación en mi país. País cuyo nombre no divulgaré en este momento, para evitarme cualquier posible y venenoso juicio de valor (luego les hago mala fama a mis compatriotas, ya venidos a menos desde antes que yo llegue).

En fin, me fui para el teatro. Compre una docena de pipocas y un par de cervezas (luego aprendí que no se estila por aquí el hacer eso antes de una obra de teatro). Una noche calurosa, una luna de traje impecable se mostraba en el firmamento y mi sonrisa de pueblerino en la gran ciudad (Si, si, exactamente como aquellos que el autor David Drake debió notar y yo soy uno más de esos pelafustanes en LA GRAN CIUDAD buscando su lucecita).

La obra comenzaba bastante bien, un actor, una banqueta, una pantalla con un letrero gigante: ¡OJO! aquí se van a proyectar videítos de paisajes.

Hasta que el, hasta ese momento, cándido actor se pone a hacer Fitness a santo de que alguien lo va a golpear. Dice que se defiende haciendo aeróbicos (allá él, yo Argentino) y como un acto de crueldad inhumana le apagan el aire acondicionado (si, el aparato hacía ruido, pero el tipo es humano), imagino que el director estaría de mal humor y dijera tras bambalinas “Que el muchacho se esfuerce un poco más, ¿no creen? ¡Abajo el poco aire que le queda!

Probablemente movido por esta tortura cruel, nuestro personaje se va y se mete a un antro. Y el técnico, ahí atrás, sonriendo entre dientes piensa “Creo que es hora de romperle los tímpanos al muchacho, todavía no ha sufrido lo suficiente ¡arriba el volumen!”. Y claro al público que lo atienda un otorrino, que la bronca es contra el actor y la puesta se transforma ahora en una especie de “La noche en que Larry Kramer me quiso matar”. Y el tipo, seguramente en el delirium tremens del incontable número de relaciones sexuales que mantiene en menos de 5 minutos, me anda buscando a mí. ¡A VOS! Repite y ¡A VOS! Vuelve a repetir. Y yo (como la mayoría de los espectadores alrededor) me escondo en donde puedo, que puede que este muchacho decida practicar lo que llamamos “teatro participativo” y me encuentre. Más bien que se distraía siempre con la ¡MÚSICA, MÚSICA, MÚSICA, MÚSICA, MÚSICAAAAA! Pobrecillo, deliraba y combatía contra las pruebas de fuego que su director le ponía.

Pero Javier Van de Couteur resiste y resiste. Muchacho duro, capaz de aguantar los vejámenes más crudos, resiste y llega la hora de la venganza. Ahí en las sombras, mientras lo vemos cambiarse lentamente y sin apuro (creo que no nota que se proyecta su sombra), parece pensar “¿Querían violentarme? ¿Creían que la homosexualidad es un juego? ¡Pues nada! ¡Voy a prenderles velitas! ¡Esa no se la esperaban!” y ahí viene que decide hacer una procesión de TODOS Santos, prendiendo velitas por Jimy, Karter, Edgar, Paul (¿Mc Cartney?) Willy (la ballena), King Kong (gorila gay), Pato Lucas, Nemo, Freud, Peter, John, Archie, Estella, Florita, y otros tantos que se prenden y se apagan una por una. Que tal vez (digo yo) estaría igual de cool hacer una tortita con todas las velitas y las apagamos de un solo soplido (para ahorrarnos unos minutos, digo yo).

Entre todo esto, en algún punto de toda la obra, me quisieron quitar la homofobia, pero yo no soy homofóbico, a mi me caen bien los gays, los creo capaces de hacer tan buen o mal teatro como cualquiera. Tal vez a la persona que estaba a mi lado le llegó el mensaje más profundamente (noté que su remera tenía estampado algo así como I HATE HOMOS) porque para el final de la obra lloraba a mares (¿o sudaba a mares?).
Pese a todo, me parece pertinente hablar del tema, siempre es pertinente y con tan buen actor se convierte en un agradable paseo, porque eso sí, ese es un guerrero que resistió los embates de la obra.

Aunque suena algo venenoso todo lo que escribí, fue una buena experiencia y recomiendo ir a verla.

MÁS SOBRE LARRY


LA NOCHE EN QUE LARRY KRAMER ME BESÓ

POR KEVIN QUITAPENAS


Una poderosa actuación de David Van de Couter. Quien encarna a un homosexual lleno de dudas, broncas y sueños. El actor te envuelve en diversos mundos y sub mundos urbanos donde aquellos que llamamos putos, se reúnen y protestan por sus derechos, mantienen relaciones sexuales y manifiestan su naturaleza tan humana como la de cualquiera.

David Van de Couter, es un actor, con un excelente manejo de su cuerpo y de su voz. Capaz de “sudar la camiseta” en el escenario y entregarse de pleno a su trabajo.

Noto un texto nacido de lo más visceral del autor, quien no repara en ser crudo, explícito y tremendamente mordaz al momento de declarar que la homosexualidad no es una enfermedad y que la verdadera enfermedad, el SIDA, es la que debe ser erradicada y atacada.

La construcción de los espacios propuestos por el texto, se los hace con un inteligente juego de luces, sonidos y sombras, ante una clara mano de alguien que conoce lo que es el equilibrio en el color, y el manejo de la estética en un espacio vacío.

Tal vez un final un poco extendido, con una narrativa que no necesita ser tan larga y explicativa y una luz de velas que rompen en gran medida con la propuesta estética general.

Pero ahí está el grito, ahí está el alma del actor quien a través del texto de David Drake, que utiliza casi como un pretexto, nos incita a tomar acción, decir NO a la absurda discriminación y decir SI a la lucha contra la peor enfermedad que aqueja a la raza humana: El sida.

“Porque el SIDA se alimenta de la mezquindad, del egoísmo y de la estupidez del hombre”, esta me parece una gran forma de actuar en respuesta.

14 feb 2009

LA DESESPERACIÓN DE LOS DISCRIMINADOS


La noche que Larry Kramer me besó


“La noche que Larry Kramer me besó” es una propuesta escénica simple, donde los ingredientes básicos son: la energía de Javier Van De Couter y Las imágenes escénica. A eso, añadimos un texto visceral y con mucha fuerza. “La noche que Larry Kramer me besó” es una propuesta que construye mundos desde imágenes, desde el espacio vació, que están determinados por la luz y la música.


Una obra que sin ser o tener elementos moralistas, moraliza. Un obra que en acción pregona sobre la discriminación, la homosexualidad y sobre los infectados que viven con el SIDA.


Un hombre que narra los momentos importantes de su vida, por aquellas situaciones que le marcaron y dejaron huellas: el sueño de ir a Nueva York, de ver, amar y odiar las comedias musicales; de ser militante; de ir al gimnasio; de buscar hombres; de buscar aventuras, buscar sexo; de despedidas y encuentros con los muertos que arrastra...


“La noche que Larry Kramer me besó” es un unipersonal donde Javier Van De Couter coloca toda la energía, las vísceras, la fuerza y la estética que la propuesta requiere para denunicar y desnudar en la obra: Los sueños, deseos, frustraciones, las luchas y las angustías de las personas que son discriminados por ser homosexuales o estar infectados con el virus.


“La noche que Larry Kramer me besó” está los viernes y sábados a las 21:00 en el teatro Antesala, Gorriti 3956.

8 feb 2009

EN UN DÍA AMABLE, LA OSCURIDAD MOLESTA


El Hijo

De Jon Fosse



“El Hijo” es la propuesta bajo la dirección de Martín Tufró. Dicha propuesta, se encarga de dialogar sobre la oscuridad, sobre los secretos, sobre los temores y sobre la escena atemporal. ¿Podemos resumir la historia como la parábola del hijo pródigo?, Es simple y compleja a la vez: Un señor y su esposa no saben si esperar o no la visita “inesperada” de su hijo, quien al parecer, según los rumores del único vecino del lugar, acaba de salir de la cárcel; no se sabe a que vuelve o por qué.


La puesta en escena apuesta sobre el clima intolerante que produce el silencio y aparente incomunicación entre los personajes. También sobre las atmósfera de encierro, de frío y oscuridad. Busca a que los personajes transiten por la oscuridad de sus pensamientos, por sus secretos, y el temor de ser los únicos y los últimos en irse del lugar. O sólo irse, sin mirar atrás, sin decir adios.


Hubo uno que otro problema de vocalización, dicción y de volumen en la voz, donde cierta información en forma de diálogo sobre el hijo no se entendía y como espectador nos la perdimos.


Muy buena propuesta escénica y de vestuario. Donde los colores y elementos son fundamentales para el desarrollo y complemento de los silencios molestos. Lastima que las luces no hayan estado a la altura de esa propuesta simbólica.


“El hijo” está en el “Camarín de las musas”, Mario Bravo 960; los sábados a las 23:30

23 ene 2009