24 mar. 2009

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Acassuso


K. Ese Escoria


Me veía al espejo y me preguntaba cómo podría escribir una crítica de la obra Acassuso. “¿Tiene que ser crítica?” consulté a Nepo, el amable administrador del blog “¿no puede ser un poemita o un ensayo acerca de las nuevas tendencias europeas en la educación laica?” luego de recibir un librazo en el ojo, me puse a pensar que tal vez la mejor manera, para mí, de hacer algo así como “crítica” era pasando por los personajes, por lo tanto, actrices y actores de la obra que vi.



Como el programa de mano no me ayudó en lo absoluto, puesto que pusieron una lista de nombres (parece una lista de colegio) y ninguna especificación de quien es quien (asumo que son muy famosas todas), tuve que recurrir a mi frágil memoria para describir un poco la sensación que me produjo la obra.



Una recepcionista, secretaria, perfecta en su demencia, posible asesina en potencia, muy convincente y con un peinado que me hizo recuerdo a la secretaria de mi colegio. Con un extraño tema con las empanadas y una capacidad innata de ocultar un puñal bajo el poncho, como decimos vulgarmente en mí pueblo.



Una entrenadora de educación física (que también me hizo recuerdo a mi profe de educación física, por la salvedad que mi profe era hombre), con un chicle que nunca acababa y un lesbianismo latente.



Una señora con serios desvaríos, que es esa profe que todos amamos y quisiéramos ver muerta de una buena vez por todas.



Una directora de colegio, con una mente aguda, maquiavélica y poco entrenada para lidiar en situaciones de secuestro. Con el mutante poder de ahuyentar a los hombres con pistolas, con tan solo recitar un par de textos poéticos. Quien aprende su lección como buena alumna.



Una…una…tarta muda que sabía enfrentarse a su defecto lingüístico (por así decirlo) con gallardía y psicología invertida. Lastimosamente la víctima del siniestro de la obra.



Un adivinador o quizás numerólogo con pinta de taxista venido a menos, muy desapercibido y triste. Casi nadie en el todo, un accesorio que solo completa el cuadro, pero no lo forma.



Una madre de familia que en el poco tiempo de estar en escena, nos explica muy bien el porqué nuestras actuales generaciones se están yendo lenta y paulatinamente al abismo.



Una profesora muy joven, con corpiños impropios de una institución pública que se respete y una actitud muy parecida a la de mi hermana adolescente, ante la vida.


Un futbolista (o asesino en serie) que lucha contra una especie de alter ego o doble personalidad. Incapaz de escuchar poesía o ningún texto solemne, con un claro complejo de salvador y concienzudo moralista.



Una vendedora de ropa interior y vestidos, cuyo lugar no podía ser el más indicado (rodeada de mujeres inseguras y con alto complejo de superioridad). Gris y el tipo de persona al que se refería Cristo cuando dijo: a los tibios los vomitaré de mi boca.



Una nueva profesora, ingenua y todavía virgen (si se me permite el término) en lo que significa la educación pública en los países latinos.



Una segunda en mando, que tiene el plan clásico del “serrucho” para su superiora. Pero que aprende una linda lección, como en un cuento para niños.



Y un director que supo reunir estas energías, en un texto de larga duración, pero no aburrido. En una obra muy interesante, llena de histeria, caos y nuevos órdenes que deben ser establecidos. ¿Cuáles? Vaya a verlos por usted mismo.

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