11 mar. 2009

Sobre Rojo Sangre y Clase B


¡SPLASH!

(Por Splatter Rojo sangre)


Colaboración: K. Ese.Escoria


Un hombre (Gabriel Kipen) entra en una habitación con sillas (aquí claramente vamos a ver una reunión) y se hurga la nariz groseramente (algunos espectadores se asquean, como si nunca lo hubieran hecho) y luego le mete mano a una chica que llora desconsoladamente.


E aquí una obra que puede llamar mi atención, comenzamos bien.


Y de ahí para adelante, puedo dar buena fe de cuantos litros de agua mezclada con colorante vegetal rojo y quizás un poco de miel, se deben perder por función. En este sentido afirmo que mi alter ego (siempre un paso más allá de mi mismo), se sintió asqueado ante tamaña exposición de fluidos humanos, pero la otra parte de mi mismo (el alter ego de mi alter ego) se sintió más que fascinado ante el manejo de los códigos del fantástico cine clase B, en el teatro.


¡Qué buen gusto por el mal gusto! Una serie de inverosímiles momentos, textos y efectos especiales que juntos crearon un apartado para mi morbo y deleite sangriento.


¡Arriba el vómito indiscriminado, excesivo, mucho, mucho vómito, por todas partes, vomitemos todos!


¡Arriba los disparos que suenan a cohetillo de a peso y permiten que la sangre salga, brote, manche el suelo!


¡Arriba los infernales poderes de telequinesis de perturbadas nenas de colegio!


¡Arriba la masturbación disimulada de un violento personaje!


Y arriba, las…las… ¿cómo era? Las…


“comedias nacionales clase B”


¡ESO! ARRIBA



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